Al hablar de derechos humanos no podemos dejar de referirnos a la educación, la misma se encuentra contemplada en los principales instrumentos legales en la materia. Pues la instrucción de las personas trasciende al hecho de saber leer y escribir, se trata del “desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos” tal como dice la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. A través de este artículo abordaremos uno de los aspectos que es investigado frecuentemente: la educación en el ámbito carcelario, especialmente Bower en este caso. Allí se han llevado a cabo programas como “Yo si puedo” que es un método creado por el IPLAC (Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño) de Cuba en el cual se enseña a leer y a escribir mediante un sistema audiovisual. En este penal además funciona la extensión de un CENMA (Centro de Educación de Nivel Medio para Adultos) que permite a los detenidos completar también la secundaria.
Para conocer más a fondo la realidad que se vive en estas escuelas mantuvimos una charla con el licenciado Alejandro Mainetti, profesor de Lengua y Literatura en el penal de Bower. Quien desde septiembre de 2006 dicta clases en los módulos de máxima seguridad (MX1 y MX2) y confiesa que antes de comenzar a enseñar allí tenía dudas de poder hacerlo. Hoy diez meses después confirma que su perspectiva ha variado notablemente: “me olvido de adonde estoy, ya que de por si en Bower hay un colegio dentro de una cárcel”.
Sin embargo, si bien se ha construido un establecimiento educativo dentro del penal lo que dificulta la tarea de los profesores es el choque inevitable que tienen con el servicio penitenciario. Esto se debe fundamentalmente a la diferencia de funciones que desempeñan cada uno de ellos. Mainetti considera que “si uno quiere incrementar el conocimiento productivo, la educación como proceso no puede ser interrumpida. En tanto el servicio hace todo lo posible para interrumpirlo, en que se da esto?. Por ejemplo las clases son desde las 9 hasta las 12 hs. Muchas veces los alumnos llegan tarde o no llegan, muchas veces se programan las audiencias en el horario de clases. O algunos de ellos trabajan, los famosos “fajineros”, que impide que vaya al colegio todos los días. (…) Incluso cuando hay problemas de agresión dentro del aula, la sanción a los presos es no dejarlos volver a clases y en realidad eso debe resolverse en ese lugar”.
Aunque los inconvenientes para la enseñanza no se dan sólo a nivel del personal involucrado sino también en los instrumentos con los que se cuenta para poder llevar adelante este proceso. Una de las grandes dificultades a las que se enfrentan los profesores que enseñan en Bower es la inexistencia de acceso una biblioteca que les permita estudiar fuera de las horas de clase. Una de las medidas tomadas por Alejandro Mainetti es fotocopiar los fragmentos con los que trabaja para poder avanzar en la calidad de su enseñanza.
Si bien los planes de estudio son los mismos que en cualquier CENMA las motivaciones que llevan a los alumnos a las aulas pueden. Afirma el profesor que “la gran mayoría de los que van a aprender tienen interés de que le enseñen, el hecho de que vayan se sienten y te escuchen ya es un mérito”. Sin embargo algunos de ellos buscan el beneficio de la reducción de la pena o simplemente estar en un espacio que se diferencia del resto de su jornada en el pabellón. Mainetti asegura “que es una instancia en la que saben que no van a estar sometidos al poder brutal, a la imagen del autoritarismo permanente y a la degradación. Un lugar donde va a hablar de otros temas que le pueden interesar o no, pero siempre van a intentar que le interesen. Tener un momento de libertad paradójicamente en una prisión, donde hasta pueda poner en juego la creatividad”.
El derecho al ejercer sus derechos
Como hemos podido apreciar la educación, aquí como en otros ámbitos, carece de las condiciones mínimas aunque el contexto sobre el que trabaja es mucho más complejo. El gran desafío al que se enfrenta un profesor en la cárcel es ayudarles a recuperar los conocimientos que se perdieron luego de las constantes interrupciones del proceso educativo. A lo que debemos sumar la necesidad de enriquecer el lenguaje que se va empobreciendo por la reducida visión del mundo a la que tienen acceso los reclusos.
Con el avance en el tema nos enfrentamos a la cruda realidad de que no se puede pedir que se cumpla el derecho humano a la educación si ni siquiera se cubren las necesidades básicas. La percepción de quienes tienen contacto directo con el ámbito carcelario es que no se está respetando la alimentación, ni la higiene y tampoco la salud. Sobre este aspecto Alejandro dice: “sé que solicitan una audiencia en el gabinete de psicología o de trabajo social y le dan una audiencia ahora y otra dentro de tres meses, eso no puede llamarse tratamiento. Yo no tengo ninguna esperanza de que la cárcel pueda transformarse en un lugar donde pueda cubrirse todas estas áreas que nombramos: educación, salud, etc. Que tengan una atención que garantice las cuestiones mínimas me parece que no es posible, garantizar un paraíso dentro de un infierno me parece que es complicado”.
La situación carcelaria descripta por el profesor Mainetti confirma el informe que en diciembre de 2006 presentó el Defensor del Pueblo de la Nación. A lo que podemos sumar el dato de que casi el 80% de los presos son procesados, quienes en un ambiente de gran violencia e inseguridad cumplen una pena anticipada. Mientras que en el caso de los condenados se cumple una segunda pena de facto.
Cuantas cosas quedan por plantear, quizá la indagación deba emprenderse sobre como podemos trabajar como sociedad para evitar que las cárceles estén superpobladas. Plantearnos que lo más viable sería reconstruir la sociedad de manera tal que sean menos los excluidos que como víctimas de un sistema aberrante o puedan hacer más que envidiar lo que el otro tenga sin posibilidad alguna de obtenerlo. Sería muy bueno que esta pequeña visión de lo que se vive tras las rejas nos permita reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer desde su lugar.
Desde adentro
A través de estas imágenes se puede ver cómo se vive la enseñanza desde dentro de la cárcel.
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